martes, 6 de octubre de 2009

la Llegada a Italia (I)

La llegada estuvo marcada, ineludiblemente, por su muerte. Había aterrizado en Roma sólo unas horas atrás. Ahora recuerdo a la delgada chica sin nombre y sin nacionalidad sentada sólo unas filas más adelante en el avión. Esperando en la cinta, yo solo, ella al lado de sus padres, nos miramos. Una larga mirada que sostuvo la petición de sócorro del otro. Mi maleta salió primera y desaparecí hacia la estación de tren. Nunca más te volveré a ver, pensé. Recordé dentro de mi recuerdo, en aquel tren Roma-Ancona, lo que había sido mi último viaje en verano a Italia. Milán, Morsa, y quién lo rodeaba, también ineludiblemente, Elsa. Un 17 de Mayo, un domingo en el que volví a escapar. O volví a llegar.

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