domingo, 18 de octubre de 2009

Limpiar

Dice Yoshi Oida en El actor invisible:

"Antes de empezar a hacer cualquier cosa es importante limpiar el área de trabajo..

.. Abordar la limpieza de este modo no se limita al lugar en que se trabaja. Hay que estar seguro de que el cuerpo también se encuentre en el mismo estado de preparación. En Japón, antes de un gran torneo de artes marciales o previamente a una función particularmente importante de noh, los combatientes/actores vierten agua fría sobre su cabeza. No sólo para quitarse la mugre, sino para purificarse simbólicamente. De la misma manera es interesante notar que muy numerosas culturas en todo el mundo subrayan la importancia de la purificación ritual. En el islam se lavan los pies antes de entrar a la mezquita y en el shintoísmo se lavan la boca y las manos antes de entrar al templo; en el cristianismo el bautizo contiene un significado simbólico y ceremonial. Quizá estas creencias surgieron por la necesidad de que la higiene formara parte de la educación de los pueblos; no obstante, todas enfatizan en la importancia de la limpieza como parte del culto..

.. De acuerdo con este relato, el dios Isanagi lavó su cuerpo para purificarse después de un viaje al inframundo de los muertos. Conforme limpiaba su piel divina, deshaciéndose así de la contaminación del inframundo, varias entidades, dioses y masas terrestres fueron creadas. Dentro de esta cosmología la limpieza está asociada a la creación. Es un acto constructivo y poderoso y no simplemente un medio para deshacerse de la suciedad..

.. Por lo que respecta a la vida diaria, la limpieza implica un considerable respeto por sí mismo y constituye un medio activo para preparar a la mente y al cuerpo para un trabajo disciplinado. Las diferentes artes marciales y prácticas religiosas insisten, todas, en la importancia de la limpieza, no como algo preliminar a una actividad, sino como parte integral del propio entrenamiento.."

Recuerdo que la primera vez que leí esta parte del libro quedé muy impresionado por todo este relato de la limpieza. Hace apenas un año, cuando volví de Buenos Aires a Madrid, inicié una limpieza tirando más de la mitad de mis pertenencias. Por un momento tuve la sensación de haberme deshecho de más de lo debido, pero estaba equivocado. Hace unas semanas empecé una nueva limpieza y volví a despedirme de una nueva mitad. Desde hace unos días mi espacio permanece ordenado, limpio, y sólo cuento con lo verdaderamente imprescindible. Mi antidiógenes particular. No creo que sea casualidad que este fin de semana haya podido escribir como lo he hecho, con esta tremenda paz alrededor. Realmente estas limpiezas están sirviendo de punto de partida para el acto creador.

Y sí, también en el cuerpo estoy experimentando una profunda limpieza, pequeños cambios que dan grandes pasos. Hacía mucho que no me sentía tan reconciliado con mi propio cuerpo. Nos estamos cuidando el uno al otro. Y esto me hace sonreír, como persona y como actor.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno sonreír.

Vaciar. Sí, eso también es bueno. Me encuentro en un proceso similar. Y a veces me gusta volver un poco atrás. Y aunque hoy fue pura casualidad haber caído aquí, me encuentro con el pasado. Y le digo: hola!

Recuerdo un Mc Guffin con gusto a brownie con dulce de leche.

A punto de emprender un largo viaje, me contacto antes de despegar porque luego no seré la misma.

Y tendré que volver a presentarme.

Y los errores cometidos son lecciones inolvidables. Preciosos tesoros que se incrustan en la piel, y a veces duelen y otras se lucen con orgullo.

Y sé que mi piel debe brillar de tanto errores. Pero sobre todo sé que aprendí que lo mejor es decir. Como se pueda. Decir. No quedarse con las ganas. Con las palabras atragantadas. Porque se enquistan. Y nada mejor que dar, ofrecer un par de palabras, aunque estén rotas, gastadas, olvidadas. Y el silencio también es decir.

Y puedo decir un gracias. Como también puedo decir que también veo brillos en tu piel. Porque de todo se aprende si aceptamos el error. Yo acepto y aprendo.

Es eso. La vida. Que pasa. Nos pasa. La pasamos.

Ahora dejo un saludo, quizás el último, antes de limpiar, digo, armar, las maletas.

A seguir sonriendo pues, y que la felicidad nos encuentre preparados.


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